La mitad de los niños ha sufrido acoso escolar en alguna ocasión.
En la literatura hay mucho chico gamberro que queda simpático. Está plagado. Pero nunca es acosador. Solo es gamberro. Robar en El Corte Inglés, o llevarse golosinas de una tienda. Telefonear a alguien haciéndose pasar por otro. Picar a los timbres. Colarse en el cine.
Pero nunca, en un relato, un niño travieso será maltratador. Y nunca un maltratador será visto con simpatía.
Pero son dos caras de la misma moneda.
Un niño que acostumbra a romper reglas o actuar con insolencia no tendrá esa línea (fina) clara. está buscando aprobación. Demuestra valentía y fuerza o status. Necesidad de afirmación personal a través del desafío o la transgresión.
No hay sadismo, ya que esa manera de actuar es en grupo. Hay solo necesidades de reconocimiento social, de salir del tedio, de dejar de ser dañado. Las dificultades sociales se ven opacadas por el atrevimiento.
La neurodivergencia puede llevar a sufrir acoso o a ser acosador. Niños con déficit de atención o autistas son vistos raritos y vulnerables y serán víctimas. Pero más tarde puede que haya una reacción en sentido contrario como medio de dejar de ser acosados y pasar así al lado contrario y paladear las mieles del reconocimiento social.