Te dije que no vinieras.
El sol y la luna se eclipsan,
el pie y la huella son fugaces,
el rayo y el trueno se alejan.
Y tú de nuevo has vuelto:
drogada,
acompañada
y sola.
El ciclo se repite.
El verano vuelve,
pero recuerda:
tras el estío viene el otoño,
y tú estás aquí
para sufrirlo.
Llegas con la misma sonrisa rota,
con las mismas manos vacías,
con la noche entre los dientes
y el miedo en las venas.
Te dije que no vinieras,
pero el eco no tiene dueño,
ni el viento guarda promesas,
ni el tiempo cura lo que repite.
Y aquí estás:
mitad cicatriz, mitad tormenta,
mitad mentira que aún creo.