No hay nada peor que pueda acontecer a una persona que estar aburrida o con incertidumbre.
Son dos situaciones horribles. La incertidumbre está lejos de la certeza y la armonía con uno y con el mundo. Uno se encuentra en un bucle de pensamientos donde no cabe la resignación a causa de la ignorancia. Intenta llegar a una solución que no llega, bien porque no depende de uno o bien porque se encuentra en una encrucijada de la que le es imposible salir, y da vueltas sobre sí mismo en un juego de peonza eterno.
Necesita también contar su experiencia a otra persona en un intento inconsciente de que ésta le solucione tranquilamente el trance. Por eso necesitamos exteriorizar nuestros problemas en búsqueda de ese milagro que no sucede. La inacción por parte de uno pero también por parte del interlocutor que no puede resolver algo que le es ajeno (aunque doloroso).
Y el aburrimiento es aquello que, a las nueve de la noche, ya cenado y harto de no encontrar satisfacción en prácticamente nada durante el día, conduce a tomar alguna sustancia y dejarse llevar por su efecto.