Em 1965 Richard Clargale publicó su Ley del Trueque Marginal.
Clargale afirmaba que, debido al incremento de la productividad las economías crecen y ello implica un incremento en la demanda de viviendas.
Asimismo decía que, cuando la oferta de viviendas se iguala a su demanda, los promotores dejan de construir, no les interesa correr el riesgo de poner su beneficio en duda. De esta manera la demanda de viviendas siempre es superior a su oferta, y así se produce un inevitable ajuste al alza del precio de las viviendas en el largo plazo.
Nada se puede hacer al respecto vaticinaba, cualquier actuación en el mercado implica un nuevo ajuste que nos lleva a mayores incrementos en los precios de la vivienda libre y también consecuentemente en los precios de los alquileres. El encarecimiento en los precios de compra hace que los inversores, para recuperar su inversión, deban aumentar los precios de los alquileres.
Asimismo hay que recordar que no tiene sentido vender viviendas por debajo de su precio de construcción.
Tenemos excepciones como el caso de la ciudad de Detroit, en un caso de desindustrialización masivo a consecuencia del declive de la industria automovilística en los Estados Unidos por la deslocalización. En ese caso la ciudad no tiene incentivos para vivir en ella y se produce una caída en picado de la demanda de viviendas.
Llamativo es el caso de Nueva Orleans, donde, tras la devastación del terrible huracán Katrina en 2005 lo que sucedió, tras una inicial contracción del mercado inmobiliario, se dispararon los precios de las viviendas ya que se cotizaban las viviendas de buenas zonas no inundables.
Un escenario de decrecimiento global es lo que puede bajar los precios en general de la vivienda, especialmente en las grandes ciudades, donde se viven cíclicamente fuertes incrementos en la demanda con las consecuencias mencionadas.
No obstante Clargale afirmaba que el foco debía ponerse en los salarios y no en el precio de las viviendas.