En su libro No hay apocalipsis (apocalypse never) Michael Shellenberger se muestra crítico hacia los apocalípticos por el calentamiento global.
El autor no niega el cambio climático antropogénico, pero afirma que el stablisment tiene un discurso demasiado apocalíptico sobre ese tema. Que las consecuencias serán más leves de lo que se vaticina. Digamos que cree que son más importantes otros asuntos, como la pobreza subsahariana, que se dedican demasiados recursos a ese asunto.
Él es creyente y tilda al ecologismo de religión. Observo que los creyentes en el más allá suelen hacer eso, para ponerse a la misma «altura» intuyo.
Sus observaciones son interesantes e invitan a la reflexión, aunque lleva las cosas a su terreno de forma descarada.
Es sugerente todo lo que dice y no tengo ninguna duda en que sus afirmaciones están respaldadas por la realidad. El problema lo veo en lo que no dice. Es manipulador.
Por ejemplo hay un capítulo que dedica en gran parte a los plásticos y habla de las cañitas, de las pajitas, y lo lleva al absurdo por una serie de medidas que se han tomado en ese asunto en muchos países. Tiene razón, igual que cuando habla de que las teclas de los pianos o las bolas de billar ahora se fabrican en plástico y antes se hacía con marfil extraído de los cientos de miles de elefantes que se sacrificaban anualmente para esos menesteres. pero no dice nada de los envases, que es donde radica la mayoría del problema. Por lo que me dice la IA, Shellenberger opina que habría que disponer de mejores plantas de incineración o dejar los restos en lugares aislados.
No obstante se preocupa bastante de las extinciones de especies animales y de los problemas que ocasionamos en el medio ambiente, y sí que le preocupa la contaminación por las emisiones de la combustión de combustibles fósiles.
Es muy partidario de la energía nuclear y afirma que es inocua, que hay más radioactividad en muchas zonas de EEUU de forma natural que la que pudo haber cerca de Fukushima, donde afirma que no hubo consecuencias para la salud de nadie, aunque la catástrofe tuvo un coste de medio billón de dólares. De Chernobyl dice que solo hubieron 19 víctimas mortales.
Se preocupa de los gorilas, de los pingüinos de pico amarillo, de las ballenas, de los oso polares, de estos últimos dice que en realidad su población ha disminuido por otras causas más que por el cambio climático. Sobre las ballenas como otros materiales han ido sustituyendo a los múltiples usos a que se destinaba su caza masiva.
El peor acento lo pone en la pobreza, pues, con bastantes y acertados ejemplos y explicaciones, comenta que ésta es más responsable de contaminación, deforestación y otros que la propia dinámica de los países desarrollados. Comenta con bastante profusión el caso del Congo, y de las selvas de África y América.